"La tremenda historia de Trespatines y su Corte”, de Tomás Arnábar
Tomado de: Crónica de Campeche (México)
26 de noviembre de 2010
Redacción

Presentación del libro sobre Trespatines, escrito por Tomás Arnábar (segundo de izquierda a derecha)
El nuevo libro “La tremenda historia de Trespatines y su Corte”, de Tomás Arnábar Gunam, fue presentado en el local de la Asociación Civil “Juntos por Campeche”, el cual está dedicado en memoria de un gran promotor cultural, como es Ricardo Encalada Argáez.
El presentador de la obra fue el Doctor José Jesús Montejo Blanco, quien estuvo acompañado del autor Arnábar Gunam, quien señaló que este libro “surgió de la nostalgia de trasportarme al Champotón de mis amores, cuando allá por 1962, la única estación de radio que escuchábamos era la IT de Ciudad del Carmen, y uno de los programas que no me podía perder era la emisión cubana de “Trespatines”.
El escritor refirió que por esa época, y por muchos años, estos episodios radiales eran comentados por todos lados y las ocurrencias del protagonista se repetían sin cesar, y eran parte del lenguaje coloquial; surgían expresiones como “mamita”, “a la reja”, “tu también estabas ahí chico”, “cosa más grande”, “aquí como todos los días”.
La Tremenda Corte es un programa de radio cubano que tiene un formato sencillo, todo gira en torno a un juzgado y plantea situaciones en las que José Candelario Trespatines había hecho víctima a Rudecindo o a Nananina, de alguno de sus robos o pillerías y al final Trespatines siempre es culpable.

Tomás Arnábar Gunam
En su intervención, Montejo Blanco dijo que esta obra contiene los orígenes del programa el cual se trasmitió en la Habana, Cuba, en 1941, considerado por muchos conocedores de la materia como la mejor comedia radiofónica producida en Latinoamérica en todas la épocas.
Al triunfo de la Revolución Cubana, entre muchas personas que salieron de la isla estuvo un grupo de empresarios de la radiodifusión de ese país, que vinieron a radicar a la ciudad de México. Ya en nuestro país, se cobijaron bajo el amparo de Radio Cadena Nacional, y fue Modesto Ramón Vázquez González quien trajo la “Tremenda corte”.
El libro también da a conocer a los personajes con sus verdaderos intérpretes, como ejemplo: Trespatines, es interpretado por Leopoldo Fernández Salgado, nacido en Jaguey Grande, en Cuba; el juez es Aníbal Mar; Luz María Nananina es Mimí Cal; Rudecindo Caldeiro y Escobiña es personificado en la voz de Adolfo Otero, entre otros.
El texto también narra las frases y palabras que el programa hizo famosas, y también el guión completo de radio “El Lamparicidio”; y finalmente detalla que Trespatines murió sin dinero y casi en el olvido en Miami, y en justicia actualmente tiene ya su estrella en el paseo de la Fama de la famosa calle 8. (IHH)
Un Tremendo Fenómeno
Tomado de: Periódico Hoy - República Dominicana
9 de marzo de 2005
Ángela Peña

La Tremenda Corte, con Aníbal de Mar y Leopoldo Fernández
En casi todos los pueblos del país, Trespatines sigue siendo como toque de queda al mediodía en casas de familia y en carros públicos y todavía la gente celebra y repite sus ocurrencias en La Tremenda Corte estafando a Rudesindo Caldeiro y Escobilla, bufeando al juez, engatusando a Nananina con sus rejuegos de palabras y retorcimientos de los hechos en beneficio propio, que al ponerlo en evidencia lo convierten a diario en reo de delito, condenado ¡a las rejas!
Pasajeros y conductores lo gozan, lo viven, lo disfrutan como si sus chistes y gracias no se gastaran tras tantos años pronunciando los mismos términos confusos, aprovechando su astucia para confundir ingenuos. Es increíble como estallan en carcajadas a la espera del invariable desenlace del juicio y del programa mandándolo invariablemente a la cárcel. Uno creció escuchando a los mayores imitándolo, cantándolo, empleando su vocablo disparatado, chusco, riéndose solos al lado del transmisor en el horario fijo de la siesta, cuando lo presentaba una fábrica de cemento. En la República era un ídolo que después llegó a través de la televisión flaco, ágil, con sus sacos de raya, su pajarita y su sombrero.
Pero el fenómeno de impacto en las casas de barrios pobres, en fábricas y colmados, en el concho, era el programa de radio con argumentos sanos, bobos y sosos para algunos, pero aparentemente sabrosos para la mayoría que no se callaba agregando el "cidio" a acontecimientos de la cotidianidad del entorno: eso es un pajaricidio, un gallinicidio, un retraticidio, un trajicidio, un solaricidio, copiando al Tremendo Juez cuando definía la trapacería y el dolo de ese simpático profesional del engaño por uno o dos pesitos. Así definía Aníbal de Mar (el juez) los casos, después que el secretario le anunciaba lo que tenían para el día.
Con Trespatines se conoció a Cuba sin visitarla. Las costumbres y calles, los lugares, llegaban como el típico lenguaje que dio a conocer el significado de voces como jimaguas, casera, boniato, marañón, tiñosa, guajiro, caimitillo. A diario se tenían noticias de esa "Mamita" tramposa, enredadora, imaginativa y truquera como el hijo que a veces era cínico, desfachatado y hasta irrespetuoso, sin ser grosero ni procaz, con el propio juez y con Nananina: "¡Cállese la boca, señora, usted no sabe de esto!", decía insistente a Mimí Cal, su esposa por varios años. Aquí Nananina se convirtió en sinónimo jocoso de nada.
El comediante Leopoldo Fernández (Trespatines) hacía reír más que sus timos, atracos y vivezas que lo convertían en adivinador, curandero, fotógrafo, billetero, barbero, oficinista, ferretero, vendedor de todo. Su figura, su voz, sus gestos y gritos eran de por sí un chiste. "¡Cosa más grande es la vida, chico!" ¡Caballero, yo sé bien cuando me tengo que equivocar", "A los quince días del medesmayo", "Boberías, chico", fueron expresiones que inmortalizó y repiten hasta los niños que aún lo escuchan reconociendo que "si se mete la pata y se saca pronto se queda bien".
Sus admiradores, sin embargo, tal vez sepan poco de la vida de ese cómico excepcional que tanto los divierte. Nació en 1904, en Jagüey Grande, Cuba, y probablemente de sus oficios de panadero, telegrafista, tabaquero y lector de tabaquerías para entretener a los habaneros mientras trabajaban, aprendió del saber popular para convertirse en el exitoso personaje que también llegó a protagonizar películas. Dos años después del triunfo de la revolución salió de Cuba y murió en Miami en 1985.
Desconocía que veinte años después de la muerte de Trespatines, dominicanos humildes todavía lo esperan en la radio deseosos de mitigar penurias, escuchando la gracia con que se defiende de sus acostumbradas fullerías, ansiosos por saber la solución de tan variados tremendos casos.
