¿Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar terminaron enemistados?
En la página web de la escritora cubana María Angela Vizcaíno, hay una curiosa nota que dice textualmente lo siguiente:
LEOPOLDO FERNÁNDEZ Y ANÍBAL DE MAR TERMINARON ENEMISTADOS.
También comenta Rosell, -y si no lo dice él no lo hubiera creído- que el dúo cómico más popular de la historia del humorismo cubano, terminaron sus días disgustados. "Pototo y Filomeno" que en La Tremenda Corte fueron "Trespatines" y el "Tremendo Juez", tuvieron serias desavenencias, que hasta la actriz cubana Eva Vázquez sirvió de mediadora la primera vez, pero cuando se repitió el mismo problema, ni Emilio Milián que era director de la WQBA pudo conciliarlos. Dos grandes hombres y excelentes actores que después de viejos no pudieron flexibilizarse para continuar al menos la amistad.
El comentario de Rosell, concretamente hace referencia a lo manifestado por el artista Rosendo Rosell.
Dado que no se han encontrado más fuentes que ratifiquen esas afirmaciones de Rosell, y tomando en cuenta la buena reputación de María Angela Vizcaíno, estas afirmaciones habrá que considerarlas como muy ciertas. Según lo expresado por María Angela, coincido con su declaración en la que dice "si no lo dice él, no lo hubiera creído", haciendo referencia a las palabras de Rosell, pero aún así me cuesta creerlo.
En la farándula y en el ambiente musical son muchos los casos donde alguna pugna o rencilla ha conducido a colegas cercanos a distanciarse y los ejemplos de esto sobran. En el caso particular de Leopoldo y Aníbal, las diferencias entre ellos (si es que las hubo) no la llevaron al plano artístico, pues al menos en su legado es tangible la buena relación entre ambos.
[Actualización]: Escuchad el inicio del episodio de radio llamado Señoricidio[11], en donde hacen una breve acotación sobre esto de la supuesta enemistad.Gran caricatura de José Candelario Trespatines

Caricatura del personaje de José Candelario Trespatines, personaje principal del programa radial La Tremenda Corte, realizada por el dibujante Mecho.
Esta vez de la mano de un caricaturista procedente de Costa Rica y llamado Luis Demetrio Calvo, mejor conocido artísticamente como Mecho, podéis apreciar la caracterización gráfica que él hace del personaje José Candelario Trespatines. (Visitad aquí la publicación original)
Esta caricatura resalta entre muchas no solo por su fino acabado y colorido sino también por lo bien que capta la figura del personaje. Particularmente os comento que este dibujo es de lo mejor que hay.
El dibujo refleja a un Leopoldo Fernández jovial, casi como en sus mejores tiempos allá en la gloriosa Cuba de los años 50. Algo muy típico del personaje es el distinguible corbatín y su sombrero de ala corta, que son como la marca personal de Trespatines.
La caricatura en cuestión fue recientemente publicada por Mecho en su blog personal, en donde también él expone un singular número de retratos caricaturescos de múltiples personajes de la política, la farándula, el deporte y otras áreas sociales. Entre ese puñado de dibujos podemos traer a este contexto un personaje de Chespirito que sin ser tan gracioso como Trespatines, anda por los mismos caminos, y nos referimos al Chompiras.
Por lo que denota su trabajo, Mecho es un artista de profesión. Según se deduce de su sitio web, en su país de origen él se dedica principalmente a la ilustración de temas para el periódico Semanario Universidad, además de atender también otras ocupaciones afines.
Desde este sitio web hacemos llegar una felicitación cargada de significado por mantener viva la imagen de Trespatines y La Tremenda Corte.
Siguen las caricaturas de Trespatines

Caricatura del personaje de La Tremenda Corte, el famoso José Candelario Trespatines, hecho por Taborda.
Trespatines es sin duda es un personaje que no ha salido de moda, lo cual es algo que gustosamente sigue sorprendiendo y llamando la atención.
Las continuas búsquedas en Internet por medio de Google nos han arrojado por fortuna un gran caudal de información y entre ese gran cúmulo de datos ha llegado a nuestras manos una singular caricatura de Trespatines realizada por un artista que al no haber más referencias de él, sólo se conoce bajo el seudónimo de Taborda.
La caricatura refleja muy bien el estilo particular del dibujante y denota que se partió de la base de una foto de Leopoldo Fernández que circula ampliamente por la internet.
El típico saco, el corbatín, el fino bigote, los detalles de la cara y el indiscutible sombrero son rasgos muy bien identificados y que resaltan la a plena vista la conocida imagen de Leopoldo Fernández.
El sitio web de Taborda esta cargado de gran cantidad de figuras públicas reconocidas fácilmente. Sin ser un artista de carrera su trabajo vislumbra ser muy llamativo y cargado de expresión.
Explicación sobre la muerte de Adolfo Otero y Julito Díaz

Julito Díaz hizo algunas veces la voz del secretario

Adolfo Otero en su actuación en la película “Siete muertes a plazo fijo”.
Con frecuencia se han recibido muchas consultas sobre el desenlace que tuvo la vida de Julito Díaz, uno de los grandes actores de Cuba y del español Adolfo Otero, quien interpretaba la voz del gallego Rudesindo Caldeiro y Escobiña en La Tremenda Corte. Esta es de las interrogantes que por mucho tiempo seguían sin ser contestadas por completo, y poco a poco se recolectaron trozos de esta historia hasta tratar de armar lo que realmente ocurrió.
Quizás el tema es muy claro para aquellos cercanos a los hechos o que vivieron en esa época y estuvieron en contacto con las noticias de primera mano. Desafortunadamente el tiempo pasa y con él se borran algunas memorias.

Hoy día gracias a una publicación en el periódico dominicano Primicias, gracias al testimonio de Alejandro Vivela, periodista que cubrió el hecho en persona, se revive lo que aconteció ese triste día con plenitud de detalles cronológicos.
De seguido podréis leer el contenido del artículo periodístico en cuestión:
La muerte eternizó la amistad entre dos grandes amigos
Por Alejandro Vilela G.
11 de abril de 2009
Una mayúscula impresión, un miedo súbito, puede paralizar el corazón y causar la muerte de un anciano o de otra persona que padezca de alguna forma de cardiopatía. Un susto no se origina siempre en un temor vital, puede llegar por vía de una inesperada, profunda e irremediable tristeza, ejemplo, la muerte de un familiar muy cercano, de un amigo entrañable.
Fui una noche testigo presencial de un trágico y a la vez hermoso fenómeno de la pureza más sublime que es capaz de albergar esa paradoja abismal que es la naturaleza humana.
Llaman a nuestra Redacción para informar que el veteranísimo actor de ascendencia española, Adolfo Otero, célebre por sus actuaciones en el teatro, la radio y la televisión, especialmente por el personaje inolvidable del gallego Rudesindo Caldeiro y Escobiña, había sufrido un infarto y estaba siendo asistido en la clínica situada en la calle 21 y Paseo, en la barriada del Vedado, la antigua clínica de Reyes, en la que mi madre, ya difunta, me trajo al mundo en 1938.
A mi llegada, en unión del camarógrafo, ya Adolfo Otero había fallecido. Era un personaje muy querido y admirado entre los radioyentes cubanos y también del continente. Se había hecho muy famoso y popular con su personaje de Rudesindo en la serie radial, dicho sin ningún chauvinismo, más popular y escuchada de cualquier época y en cualquier parte de Latinoamérica, así como también en ciudades norteamericanas con gran concentración hispanoamericana.
El programa en cuestión, "La Tremenda Corte", estaba protagonizado por Leopoldo Fernández, interpretando a José Candelario, "Trespatines", y contaba con un reparto estelar que incluía, entre otros, a Aníbal de Mar (el Tremendo Juez) y a Mimí Cal, Luz María Nananina: "Aquí como todos los días". Tampoco es posible regatearle crédito a los libretos de inmenso talento humorístico del escritor Castor Vispo, muy identificado con la idiosincrasia, dichos y modismos del pícaro cubano. Se dijo que Vispo sudaba la gota gorda escribiendo cada uno de sus insuperables guiones radiales.
Y no podía ser de otra manera. Para llenar un libreto radial de media hora hay que escribir muchas cuartillas, y "La Tremenda Corte" estuvo en el aire sin interrupción desde 1942 a 1961, primero en RHC Cadena Azul y más tarde en CMQ, y hasta donde recuerdo, y puedo equivocarme, su creador y único escritor fue Castor Vispo.
(Más de sesenta años después, las viejas grabaciones de "La Tremenda Corte" siguen deleitando en lugares numerosos a nuevas generaciones de radioescuchas, un caso realmente extraordinario que habla por sí mismo de su inmensa calidad humorística).
CONSTERNACION GENERALIZADA
El desplazamiento artístico y periodístico hacia la clínica fue masivo después de trascender a la opinión pública la noticia a través de boletines especiales de Radio Reloj y CMQ radio. La consternación generalizada invadió el centro asistencial, y fue preciso que médicos y enfermeras suplicaran ecuanimidad y compostura a aquella irrupción de dolor que había invadido la clínica.
Luminarias cubanas de la radio y la televisión, entre ellas Leopoldo Fernández, Anibal de Mar, Mimí Cal, Alicia Rico y el resto del elenco de "La Tremenda Corte", exigían llenos de tristeza detalles sobre el infausto acontecimiento y expresaban francamente, sin ninguna reticencia, en múltiples entrevistas, su más profundo dolor a los equipos periodísticos que también inundaron la instalación médica.
INAUDITO PERO CIERTO
Nadie podía suponer en aquellos aciagos minutos que en un lapso muy breve de tiempo la estupefacción se uniría a la consternación de todos, y transformaría la muerte de Adolfo Otero en una noticia con muy pocos, si es que algún precedente. Yo, personalmente, no recuerdo ninguno que se le compare en sorpresa y dramatismo.
Julito Díaz era otro actor de renombre en la comedia. No podría decir con precisión cuál era su edad, pero era posiblemente mayor que Otero. La noticia sobre la muerte de quien era su entrañable amigo tuvo en Julito Díaz una consecuencia inesperada y también muy dolorosa: cayó muerto casi instantáneamente, como fulminado por un rayo debido a un ataque masivo al corazón. Este segundo y relacionado fallecimiento provocó un verdadero pandemonio noticioso, e incluso en un principio se dudó sobre la veracidad de tan fatídica coincidencia, de esta inefable jugarreta del destino.
Horas después, cumplidos todos los trámites legales de rigor, certificada la causa natural en el deceso de ambos actores, sus cuerpos fueron llevados a la antigua funeraria Caballero, localizada en la calle 23 (La Rampa, en ese sector) y M, para ser velados uno junto al otro.
Un dramático pero bello simbolismo de amistad solidaria no escapó a la conciencia de los cientos de personas que acudieron a rendirles postrer tributo de cariño: la muerte no había separado a los inseparables amigos sino eternizado su gran amistad.
El artículo original lo podéis leer de la fuente original siguiendo el enlace: http://www.primicias.com.do/articulo,22712,html (Actualización [Dic/31/2010]: el enlace original esta fuera de línea)
Episodios de radio idénticos (aclaración)
Recientemente se actualizó la lista de episodios de radio y se agregó un capítulo adicional, quedando dos de ellos bajo el mismo nombre y contenido. Esto no es un error ya que hay una diferencia sutil pero importante entre uno y otro capítulo.
El episodio en cuestión se trata de RUDECINDICIDIO (versión 2), en donde la diferencia radica en quien desempeña el papel del Secretario". En uno de los casos ese rol es hecho por Julito Díaz" y en el otro caso es interpretado por Miguel Ángel Herrera.
El guión del programa es exactamente el mismo, salvo por improvisaciones leves de alguno de los personajes, generalmente propiciados de la mano de Trespatines".
Esto sugiere que la cifra de cerca de 360 programas grabados tiene un tinte de verdad en vista de que muchos de los programas perfectamente pudieron haber pasado por este proceso de "repetición". Concretamente se tiene conocimiento de 2 programas más con esta variación, sin embargo será necesario investigar más al respecto.
La Tremenda Corte (reproducción)
Tomado de: Semanario LIBRE - Cuba
30 de abril de 2008
Por: Reverendo Martin N. Anorga

Artículo sobre "La Tremenda Corte" aparecido en el semanario cubano "LIBRE", página 9 de la edición del 30 de abril del 2008
Recuerdo la tarde en que en el radio de mi automóvil sintonicé La Tremenda Corte, teniendo a mi lado a mi padre recién llegado de Cuba. Ya cerca de los noventa años se le iluminó el rostro y me regaló una de esas sonrisas que no se olvidan. Desde aquella ocasión nuestra cita de la 1:30 PM nunca se canceló.
Yo tuve oportunidad de conocer a Leopoldo Fernández, probablemente al igual que millares de otros compatriotas, por medio de reiterados encuentros personales en una que otra emisora de radio. En cierta ocasión le hable de la devoción que por él sentía mi padre, y le pregunté si estaría dispuesto a aceptar una invitación para que almorzáramos los tres, en el sitio y hora que él escogiera. Con inesperada rapidez me aceptó la invitación y un par de días después nos sentábamos alrededor de una mesa en un modestísimo restaurante de la calle ocho, cerca de la cuarta avenida.
No le dije a mi padre con quién nos encontraríamos. Cuando "el viejo", así llamamos los cubanos a nuestros padres, se encontró frente a Trespatines, y éste le dio un abrazo como si se tratara de un amigo de toda la vida, se me estremeció el corazón. Al "viejo" se le iluminó el rostro y hasta de los ojos le salían chispas. No supe cómo darle las gracias a Leopoldo Fernández por esa hora feliz que le regaló a mi padre. Siempre he guardado un especial recuerdo del gran artista cubano, genial y sencillo; picaresco y simpático; pero fundamentalmente un hombre con el corazón lleno de nobleza.
Mi papá nunca se cansó de contar, con no disimulado orgullo, su encuentro con Trespatines. Pocos años después murió, dejando decenas de casetes de La Tremenda Corte que había grabado. El escuchaba el programa diariamente a la 1:30 p.m por las ondas cordiales de Radio Mambí, y por la tarde, después de su frugal cena, volvía a disfrutarlo. Se sabía de memoria los libretos, pero reía las ocurrencias de su "amigo" como si estuviera oyéndolas por primera vez.
Yo pudiera formar un club de oyentes de La Tremenda Corte, pues sé de muchos amigos que hemos convertido en un sagrado hábito el gusto de reunirnos, aunque separados, después del almuerzo para gozarnos con las travesuras de Trespatines y sus socios, el Tremendo Juez, Nananina y Rudesindo Caldeiro. De ese club forma parte -y espero que no se trate de un indiscreción mencionarlo- mi entrañable amigo, el Obispo Agustín A, Román. Ya no está entre nosotros, pero no puedo olvidarlo, mi hermano Rolando Espinosa, otro oyente de La Tremenda Corte con quien compartíamos con espíritu juvenil los chistes que ya habíamos oído decenas de veces.
La Tremenda Corte, más que un programa cómico, se me ha convertido en una terapia personal. Dejo lo que esté haciendo cada tarde y por casi media hora no acepto interrupciones, porque escuchar ese programa me renueva, me hace olvidar tristezas y me traslada a la compañía de mi amado viejito que dulcificó los últimos días de su vida riéndose –y hasta llorando- con su regreso a Cuba viajando en las voces de Leopoldo, Aníbal, Mimí y Adolfo.
Es un fenómeno que jamás podrá repetirse el de La Tremenda Corte, un programa que cincuenta años después mantiene su vigencia y sigue siendo el preferido de miles y miles de oyentes. Hoy día lo disfrutan, no tan solo los de mi generación, que ya vamos quedando pocos, sino los que han llegado al mundo mucho después de que fuera inaugurado el programa en la gloriosa "Cuba de antes". Sin dármela de viajero por los caminos del mundo -que no lo soy-, quiero decir que he escuchado La Tremenda Corte en Madrid, Puerto Rico, Costa Rica, Panamá. Santo Domingo y en diferentes .ciudades de Colombia, México y Venezuela. Es de notarse que en los libretos de La Tremenda Corte se mencionan calles, pueblos y dicharachos propios de Cuba; pero a pesar de eso, el programa es acogido efusivamente por personas de otras culturas y otras latitudes.
Sin ánimo de hacer comparaciones ofensivas, es justo señalar la pureza de la comicidad de La Tremenda Corte, en la que nunca hubo un chiste de doble sentido, una palabra obscena, una historieta de corte pornográfico ni una expresión que se riñera con la decencia. Y todos nos reímos. En mi casa, cuando mis hijos eran todavía pequeños, los miré gozar con los enredos festivos de Trespatines. Es que La Tremenda Corte es un programa para la familia, en el que se disfruta del ingenio de artistas consagrados, que de manera misteriosa se nos integran como miembros del hogar.
Recuerdo una tarde en que visitábamos a una familia mexicana en la ciudad de Guadalajara. El señor de la casa, cortésmente me anunció una sorpresa, al tiempo en que consultaba su reloj. ¿Saben cuál fue la sorpresa? ¡El programa de la Tremenda Corte radiado por una estación local! El amigo mexicano me confesó que ese era su espacio preferido a hora de la siesta familiar.
Vivir en el exilio ha sido para mí una experiencia paradójica, porque paralelamente al dolor de haber perdido a mi Patria he disfrutado el privilegio de conocer a personas que probablemente jamás hubiera conocido en Cuba. De los que han trabajado en La Tremenda Corte tuve el honor de relacionarme especialmente con Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar. A Mimí Cal la visité en cierta ocasión en el hogar de ancianos en el que residía, y con Miguel Angel Herrera el "sufrido" secretario conversé en un fortuito encuentro en una funeraria de Hialeah.
Saber que los héroes de La Tremenda Corte no recibieran un solo centavo de las presentaciones que del programa se han hecho, no tan solo en Miami, sino en decenas de otros lugares en el mundo, ha sido algo que siempre me ha inquietado. Tengo entendido que del mismo hay 254 capítulos que se han multiplicado de forma que probablemente nadie pueda precisar. Por supuesto, ni Leopoldo ni Aníbal pudieron predecir el alcance mundial de La Tremenda Corte. No es que hayan sido víctimas de la codicia de nadie, sino que no anticiparon el futuro. Pero no anduvieron amargados ni frustrados por ese costoso hecho. Claro es que tuvieron que afrontar inesperadas peripecias en el exilio, pero sin deteriorar el sentido del humor, el gracejo natural y el espíritu de confraternidad que siempre les caracterizó.
Para muchos parecerá una frivolidad que yo le dé gracias a Dios públicamente por un programa radial que lleva sobre sus hombros una carga de varios decenios. No sé si es cierta la información que leí en algún sitio de que el primer episodio de La Tremenda Corte se trasmitió en Cuba por la emisora WRHC el 7 de enero del 1942. Lo que no deja de ser cierto es que ese programa es parte de mi vida desde los días de mi juventud, y ya cargo sobre mis espaldas el fardo de 81 años.
Doy gracias a Dios por la fértil y sana imaginación del autor Cástor Vispo.
A Dios doy gracias por la comicidad natural y espontánea de Leopoldo Fernández, el hombre que nos hacía reír, aún en los momentos difíciles de la vida.
Por Aníbal de Mar, Mimí Cal y Adolfo Otero le doy también gracias a Dios por el gracejo con que me han entretenido por muchos años y en muchos lugares.
Un programa radial que diariamente -por años sin contar- ha sido compañía de mi padre y de amados amigos de mi propia edad, hay que agradecerlo. Aunque esa no fuera la intención de los que lo crearon, ciertamente La Tremenda Corte es un regalo de Dios.
Y los regalos se agradecen.
El ‘tribunal’ cubano que se convirtió en un clásico radial
Tomado de: La Gaceta - Ecuador
14 de marzo del 2009
Por: Redacción Espectáculos

Artículo sobre "La Tremenda Corte" aparecido en el diario ecuatoriano "El Telegrafo", página 36 de la edición impresa del 14 de marzo del 2009
Expresiones como "cosa más grande de la vida", "A la reja" o "¿Tú estabas ahí, chico?" conducen inevitablemente a Trespatines, el inolvidable personaje que el extinto actor cubano Leopoldo Fernández, interpretó para el programa La Tremenda Corte.
Y aunque muchos recuerdan este espacio por sus transmisiones televisivas en blanco y negro, en realidad surgió en la radio. Nació el 7 de enero de 1942 en Radio Habana Cuba (RHC Cadena Azul).
Y en ese formato de radio-teatro cómico se mantuvo hasta 1957, albores de la revolución cubana. No obstante, se convirtió en un espacio de TV.
No existe diferencia entre las transmisiones radiales con las de la pantalla chica porque el argumento de La Tremenda Corte siempre fue el mismo, al igual sus personajes y la mayoría de sus actores.
Desde el principio se ambientó en un tribunal en el que José Candelario (mejor conocido como Trespatines) es el eterno acusado por su viveza criolla. Solo él puede hacer pasar un murciélago por canario o el retrato de Winston Churchill por clases de inglés.
Luz María Nananina (interpretado radialmente por Mimí Cal y luego por Norma Zúñiga en la televisión) es la que siempre acusa al pintoresco Trespatines. En ocasiones quien lo acusaba era Rudesindo Caldeiro y Escobiña (Adolfo Otero).
Como sea y según la argumento de esta comedia, el Tremendo Juez (Aníbal de Mar) siempre castiga a Trespatines con algunos días de cárcel, mientras este acepta la sentencia con un resignado "cosa más grande de la vida".
