“Tres Patines” murió sin dinero y casi en el olvido

Fuente original: Crítica en Línea

11/abril/1999

Autor: Redacción de Crítica en Línea

La periodista Blanca Silva, quien hasta hace poco laboró en el Nuevo Herald de Miami, entrevistó hace ocho años a Vilma Carbia, la última esposa de Leopoldo Fernández, “Tres Patines”, y publicó un artículo muy humano que sigue teniendo vigencia. Blanca está investigando para Crítica Libre en Miami (ocho años después de su primer contacto) los datos para una nueva publicación. Este es un extracto de la entrevista que publicó el 11 de abril de 1991 en el Nuevo Herald.

Leopoldo Fernández Tres Patines
Leopoldo Fernández Salgado, el popularmente conocido como “Tres Patines”

Se le encontró cabizbajo en su silla de director al regresar de una diligencia. Creyó que era una de sus bromas al hablarle y no recibir respuesta. Pero había gastado ya su última broma. Leopoldo Fernández, uno de los más grandes cómicos cubanos, estaba muerto.

Hace apróximadamente 14 años, recuerda su viuda, Vilma Carbia.

"¡Ay bendito, no lo podía creer! Sin darme cuenta se me fue el hombre que más feliz me hizo en la vida", recuerda Carbia, ahogando dos lágrimas con una amplia sonrisa.

Primera figura de la televisión puertorriqueña durante los 60 y 70, Carbia rehusa hablar de su propio estrellato. Sólo quiere recordar a quien considera "el más grande de todos los cómicos" y el esposo con quien compartió 10 años.

Es obvio que le recuerda con algo más que la memoria. Las paredes y estanterías del apartamento del sureste de Miami que ambos compartían están llenas de fotos y trofeos que hablan mayormente de él. Y a ella se le ilumina la cara al repasar su vida junto al comediante.

Recuerda perfectamente el día de 1974 cuando recibió órdenes especiales de la gerencia del Canal 11 de televisión en Puerto Rico mientras coordinaba su show con el actor cómico Luis Antonio Cosme. "Promociónate a Leopoldo Fernández, que viene de Miami a trabajar con ustedes", decía una nota. "¡No lo puedo creer!", fue su inmediata respuesta.

"Me enamore locamente"

Vilma Carbia
Vilma Carbia durante una de sus actuaciones.

"Me enamoré locamente de su alma, de su sentir, de su hablar", afirma ella vehementemente. "La diferencia de edad jamás me importó" (él tenía 68 años cuando se conocieron).

Carbia ni siquiera se sintió intimidada por la trayectoria romántica de su futuro marido. Fernández se había casado dos veces. El primer matrimonio produjo sus dos hijos, Leopoldo y Lenía; del segundo con Mimí Cal, actriz intérprete de Nananina en “La Tremenda Corte” de la radio, no hubo hijos. Pero de varias otras uniones nacieron cinco hijos más que siempre han llevado su apellido.

"Era un hombre muy correcto, que no hablaba nunca de ninguna mujer, ni para bien ni para mal", aclara ella. "Y como padre, se ocupó de todos sus hijos hasta morir".

A pesar de haber jurado no casarse más, él no titubeó en marcarl a fiesta de la Virgen de la Caridad para su boda. Así, la pareja se prometió amor eterno en Miami ante un juez el 8 de septiembre de 1975, a las 2 de la tarde, y horas después salió rumbo a Nueva York junto a toda una compañía con la que debutarían en la Gran Manzana al día siguiente.

"Entre el café y la cafetera que siempre llevaba en una maleta cuando viajaba y las bromas de los compañeros, la luna de miel fue imposible", recuerda ella llena de picardía.

En un taxi en México

Ella recuerda cuando montados en un taxi en México, el chofer pidió permiso para "poner a Tres Patines en la radio". No fue hasta terminar el recorrido y pagar, cuando Fernández optó por identificarse como el personaje radial tras los elogios del taxista al cómico de La Tremenda Corte. Para el que siempre estaba haciendo chistes, la respuesta del taxista tiene que haber parecido una broma. "No lo creo", le dijo escépticamente su fanático.

Pero en realidad era de esperarse, relata Carbia. Su forma de ser en la vida real no tenía mucho que ver con el Tres Patines de la radio y la televisión o el Pototo del teatro. "Aunque siempre listo para un chiste con los que tenía confianza, era un hombre serio con los desconocidos", cuenta Carbia. "Además, tenía una dicción perfecta y vestía como el más elegante de los hombres; para cada color de traje tenía un par de zapatos en conjunto.

Amante de la mesa criolla, disfrutaba de la cocina casera a diario. "Yo nunca he cocinado y con nosotros siempre vivió un hijo mío o de él", explica Carbia. "Pero él era quien llegaba de la calle a ponerse el delantal y preparar una de sus especialidades, un Hígado al a italiana o un Sopón de vegetales..."

Optimismo a pesar de todo

También era la ternura hecha abuelo. "Durante tres años cuidamos a mi nieta Alexandra María cuando mi hija nos la traía antes de ir a trabajar", dice Carbia. "Tanto la quería que sólo lo vi salir del apartamento en bata y chinelas el día que la niña se fue con sus padres para Puerto Rico. La niña le decía "Abuelo Leo".

¿Posible algún defecto en este ser de carne y hueso? No para Carbia. "Esto es lo más bello que he conocido en el mundo", dice ella refiriéndose a él. Mientras lo dice, acaricia la foto de ambos que cuelga de su llavero. "Sólo ha habido dos hombres en mi vida, él y mi padre".

Pero esta pasión que 14 años de ausencia no han logrado apagar ­"porque nadie va a igualarlo en mi vida"- no es suficiente para alguien que sigue haciendo reír por toda América sin jamás haber percibido ninguna regalía por la retransmisión de sus programas radiales y televisivos, afirma ella.

"Ni una estrella en la Calle Ocho ni una calle que lleve su nombre", aclara.

Luego de saldar las deudas del funeral y entierro a través de cuotas mensuales durante años, es Carbia quien le rinde homenaje cada vez que visita su tumba. "Cómico genial, esposo sin igual" reza la lápida sobre su tumba olvidada.

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