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El arte de Trespatines

Revista Nexos (México), Num.298 (edición impresa), pags 93-95

Octubre de 2002

Por: Gilberto Calderón Romo

Vilma Carbia junto a Leopoldo Fernández

Vilma Carbia al lado de Leopoldo Fernández.

Cuando el genial cómico José Candelario Trespatines salió de Cuba hace cuarenta años a principios de 1962, atrás dejaba un mundo en derrumbe para no volver jamás. Desde octubre de 1960 el nuevo gobierno de los barbudos había incautado CMQ, Radio Reloj, CMBF y el Canal 6 de televisión, estandartes del imperio de las comunicaciones del legendario Goar Mestre. Por los pasillos del Radiocentro se mezclaban bailarinas y coristas de postín con los jóvenes militares de uniforme verde olivo que empezaban a surgir como los nuevos astros del espectáculo.

El país no estaba para fiestas de cabaret y de casino y menos para humoradas pintorescas, por lo que gente como Trespatines que habían venido prosperando ante regocijados públicos en los teatros populares y frente a los receptores de radio y televisión, tuvieron que sumirse en la oscuridad o emigrar. Otros, como Rosita Fornés y muchos músicos, se quedaron.

Lo que se imponía entonces era difundir los juicios públicos a los esbirros de la tiranía y las prolongadas sesiones de discursos revolucionarios que comenzaron a tomar el lugar de las radio-novelas, como aquella famosa El Derecho de nacer del santiaguero Félix B. Caignet. No más programas como el de La Corte Suprema del Arte, ni la hora de Clavelito, inventor de la radio interactiva —mucho antes del desarrollo de la Internet—, ni tampoco viviendas obsequiadas por el Jabón Candado ni las promociones publicitarias de la Casa Crusellas. Todo eso terminó bajo la prisa por construir una nueva sociedad de guajiros y jóvenes barbados.

Leopoldo Fernández Salgado —que tal era el nombre del comediante— para entonces había colocado en el gusto popular dos personajes: Pototo, que hacía pareja con Filomeno y que alcanzó fama en la televisión, y José Candelario Trespatines, figura central de La Tremenda Corte, que se difunde todavía hoy todos los días, por alguna radio de habla hispana desde 1947. Cumple, por tanto 55 años de vigencia.

Ilustra Orlando Manrufo, ingeniero industrial en receso y famoso humorista que actualmente hace al personaje Mariconchi en La Habana:

La Tremenda Corte tenia un formato muy sencillo. Al igual que en un juicio, comparecían ante el juez los ofendidos, casi siempre el gallego Rudesindo y Luz María Nananina y durante veinte minutos se iba desarrollando la acusación y la exposición de hechos. Trespatines —el indiciado— iba respondiendo con argumentos llenos de ingenio, recursos lingüísticos e imaginación, que ponían en duda las aseveraciones de sus acusadores. Finalmente, establecida la verdad, el juez lo interrogaba sobre los motivos que llevaron al comedíame a la comisión de los delitos y éste se escudaba en una supuesta segunda interpretación de las palabras o en la anfibología de las mismas, interpretadas con toda maña y malicia.

Invariablemente, la sentencia era que se pasara unos días en el Castillo del Príncipe —la prisión de entonces—, además de unos cuantos pesos de multa.

He aquí un fragmento del guión. Trespatines ha sido acusado del robo de una lámpara del establecimiento de Rudesindo y en el proceso se da el diálogo que sigue entre el picaro y el juez:

Trespatines: Yo no tengo la culpa de que esa lámpara se haiga extraviado.
Juez: Haiga no, haya.
Trespatines: ¿ No es haiga con ge?
Juez: No, señor. Es haya con y griega.
Trespatines: ¿Con y griega? ¿ Y tú pa' qué tienes que meter en esto letras extranjeras?
Juez: La y griega no es una letra extranjera, Trespatines.
Trespatines: ¿No dices que es griega?
Juez: Sí.
Trespatines: ¿Y qué pasó? ¿La hicieron ciudadana cubana?
Juez: Mire, Trespatines, si no conoce las letras vaya a la escuela.
Trespatines: Yo no tengo la culpa que esa lámpara se haiga extraviado.
Juez: Con y griega, Trespatines.
Trespatines: Ah, sí, Yo no tengo la culpa de que esa lámpara se haiga extraviado con y griega.
Juez: Diez pesos de multa.
Trespatines: ¿Y eso por qué, chico?
Juez: Por bruto.
Trespatines: Está bien. Si es así, está bien, chico.

Durante tres décadas —de 1960 a 1990— José Candelario Trespatines fue el cómico más famoso entre las radioaudiencias de Latinoamérica, pero era prácticamente desconocido en su tierra natal. Desde hace unos meses la televisión habanera repuso algunos de los libretos de La Tremenda Corte de Cástor Vispo, que se popularizaron en la estación CMQ desde 1947.

“El Trespatines que pasan en Cuba es una copia, un clon, una falsificación, que en nada se parece al original. Es como si nos pusieran a un imitador de Cantinflas o de Tintan. Nadie podría legitimarlo como el original”, señala el cubanólogo Gerardo Tena que pasó cuatro años como corresponsal de AFP en La Habana. Y es que como Radio Martí se apropió de la serie radiofónica, en la Isla se ha tenido que acudir a la reposición con otros actores para no dejar al personaje como patrimonio exclusivo del exilio.

Leopoldo Fernández Salgado había nacido en Jagüey Grande de la provincia de Matanzas, el 26 de diciembre de 1902, y fue registrado en Güines. Temprano emigró a La Habana —entonces como ahora, monopolizadora de todas las ventajas de una ciudad grande— en donde trabajó como telegrafista y tabaquero. Su gracia natural y su espíritu lúdico lo acercaron al mundo de los espectáculos.

El actor antillano, que murió el 11 de noviembre de 1985 en Miami poco antes de cumplir 83 años de edad, fue el estandarte de una comicidad cubanísima con profundo y prolongado arraigo en el continente americano, según valoración de su sobrino Octavio Rodríguez Fernández, Churrisco. Tuvo otros hermanos: Leopoldina (Nina), Ofelia (Tita), Joseíto o Dagoberto (Tatica) y Aleida (Hueso), que todavía vive en el reparto de El Vedado, muy cerca del malecón. Una vez lo operaron de la vesícula y tuvo que abandonar por un mes la temporada de revista y fue sustituido por un actor muy bueno de apellido Rodríguez. Finalmente se recuperó, pero el público no sabía que él iba a reaparecer. "Ese día fue increíble lo que pasó", dice Churrisco. Cuando se escuchó el grito de 'Oye, Nananina', poco antes de que apareciera, el teatro se puso de pie, creo que fueron más de diez minutos de aplausos y por primera vez en la vida vi que Trespatines se viraba de espaldas y empezaba a llorar".

Tuvo muchos hijos con diversas mujeres y algunos de ellos tienen habilidades histriónicas; hay quienes se dedican a la actividad escénica: Leonora, Leopoldino, Leonel, Leobaldo, Leonor, Lenia, todos comienzan con L. Según Churrisco, después de La Tremenda Corte apareció Pototo, personaje diferente a aquél. Trespatines es un delincuente, mañoso y muy listo. "Pototo era el llamado jodedor cubano, (el cotorreador, el tipo del cotorreo, el que bromea con la gente) y tenía de Trespatines el hecho de utilizar el retruécano. El juez pasa a ser Filomeno y se crea la dualidad de Pototo y Filomeno en teatro, en televisión y en el cine en películas como "Ole, Cuba", y en centros nocturnos como el cabaret Sierra y el cabaret Montmartre. Lo primero que Leopoldo Fernández hizo fue bailar. Participó en una competencia de charleston con su bastoncito. El se pintó de negro y añadió algunos elementos de comicidad, de proyección escénica, de expresión corporal que dieran risa. Como pasa en las películas, después lo llamaron para sustituir a un negrito y allí se quedó. Conoció a Mimí Cal, con quien se asoció desde entonces. Luego fue a Venezuela con un señor Tarazona y trabajó allá con Rita Montaner.

José Candelario Trespatines (Leopoldo Fernández), Luz María Nananina (Manuela [Mimí] Cal), el Tremendo Juez (Aníbal de Mar) y Rudesindo Caldeiro y Escobiña (Adolfo Otero) forman parte de la información cultural de los latinos que hemos crecido con alguna radio cerca. Los programas radiofónicos se grabaron en la estación CMQ de La Habana entre 1947 y 1961, de lunes a sábado, y nadie sabe cuántos perviven. Son tantos que cuando los vuelve uno a escuchar siguiendo la secuencia de las emisiones, ya no se acuerda de haberlo hecho antes y dejan siempre el sabor de la primera vez.

El prolífico autor de los libretos fue el español Cástor Vispo. "La Tremenda Corte recoge elementos del teatro vernáculo —bufo— cubano que estuvo muy de moda en los años treinta y cuarenta. En los teatros Alhambra y Martí, los sketches más populares se hacían en base de un gallego, una mulata y un negrito. Entre 1900 y 1940 llegaron a Cuba un millón de inmigrantes europeos; 60% de ellos eran españoles y de éstos muchos se establecieron en la isla. Además, luego de la guerra de independencia algunos se fueron y luego regresaron como fue el caso de Ángel Castro, el padre de Fidel Castro", señala Homero Campa. El comediante salió de Cuba a bordo de un barco a principios de 1962. Churrisco explica las razones del autoexilio de su tío:

Cuando la etapa inicial de la Revolución, era una época bastante radical: Estás o no estás. Y entonces por razones de orden económico mucha gente emigró. Hay quien dice que Trespatines estaba en contra de la Revolución. No es así. La Revolución es una categoría política y una categoría histórica. Lo que sucedió en Cuba fue un cambio social, el cambio social implicó cambio económico. Cuando se disminuye el salario por un cambio económico, muchos artistas no estuvieron de acuerdo y se fueron. No estoy justificando la emigración, con Trespatines puedo asegurar que fue por puras razones económicas, porque lo que ganaba entonces no era lo que ganaba antes y emigró.

Hace poco más de cuarenta años, desde la cubierta del barco tal vez Trespatines alcanzó a ver la entrada de la Rampa en el malecón, la anhelada calle 23, entonces plena de autos convertibles, de vedetes rutilantes bajo el sol o el alumbrado, centro de la bohemia y la frivolidad, con sus cabaretes amistosos, sus restaurantes El Mandarín, el Polinesio y el Monsignore, sus íntimos bares musicales, sus vitrinas de charada, los vagos simpáticos, los boliteros con su habano al labio, los hoteles Capri, Vedado y Hilton, El Montmartre, La Roca, El Pico Blanco, El Gato Tuerto, la CMQ y Radio Progreso, territorio de Germán Pinelli, Rita Montaner, Rolando Laserie, tantos otros, y más allá El Club Sierra y Las Vegas para amanecer en al fiesta. Todo aquello perdido en un mundo de fantasmas rescatable ya sólo en el recuerdo. El comediante cubano Trespatines, tal vez el más sobresaliente del siglo pasado, murió en Miami en noviembre de 1985.

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Cástor Vispo: el tremendo autor de La Tremenda Corte

Tomado de: Cubaliteraria - Artículo de la Sección: La Telaraña

24 de setiembre de 2010

Por: Jorge Tomás Teijeiro

La Tremenda Corte - Juez y Trespatines

Corría el año de 1941. Cada noche, de lunes a viernes, por las ondas radiales de una renombrada emisora nuestra se transmitía un sketch humorístico. Se trataba de la escenificación de un juicio celebrado en un supuesto Juzgado Correccional, es decir, el tribunal que atendía delitos de menor cuantía en las comunidades de la época.

El creador y autor de La Tremenda Corte era Cástor Vispo, quien con sólo dieciocho años de edad había llegado a Cuba desde su ciudad natal, La Coruña, una de las provincias gallegas, y amén de trabajar en varias labores administrativas, se dedicó en sus ratos de ocio a escribir y dar su aporte a nuestra cultura. Valga señalar que fue también escritor para la prensa y el teatro, en muchas ocasiones con visos de humor, pero, sin dudas, fue muy conocido y reconocido por sus guiones de los programas radiales.

Después que salió al aire La Tremenda Corte, pronto el programa registró, en los surveys (encuestas de audición) de la época, una gran preferencia, especialmente en las capas más pobres de la población, que veían reflejados en ese programa los problemas usuales de su entorno. Recordamos que los personajes y sus intérpretes fueron:

  • El Señor Juez: Aníbal de Mar (quien también caracterizara al personaje de Filomeno y a Chan-Li-Po el detective chino)
  • Trespatines: Leopoldo Fernández (quien caracterizara también al personaje de Pototo)
  • Nananina: Mimí Cal
  • Rudesindo (el gallego): Adolfo Otero, quien también había hecho el papel de peninsular en nuestro teatro vernáculo.
  • El Secretario: de poca participación en el guión, hablaba sólo para exponer sintéticamente el presunto hecho delictivo y quizás alguna pequeña intervención posterior.

Al comenzar “el juicio”, el Secretario explicaba al Señor Juez el caso que se iba a tratar. Luego de oír su exposición, éste decía: "Secretario, llámeme a los implicados en ese… Y agregaba una palabra inventada que terminaba con la partícula -cidio (acción de matar). Por ejemplo, “mentiricidio” (si se había mentido)…, “burricidio” (si se habían robado un burro), etc.".

A continuación el Secretario llamaba a los comparecientes siempre de igual manera y estos respondían de forma exacta en cada transmisión.

¡Luz María Nananina! “Aquí como to´los días”.
¡Rudesindo Caldeiro y Escobiña! “Presente”.
¡José Candelario Trespatines! “¡A la reja!

Los dos primeros habitualmente perjudicados por las trapisondas de Trespatines.

Era usual en Cástor Vispo el uso del juego de palabras en su libreto:

TRESPATINES: Nosotros “semos” oriundos de Palmarito de Cambute.
JUEZ: “Semos” no, “somos”.
TRESPATINES: ¡Ah! ¿Tú también eres?

En casos análogos, si el Señor Juez intuía que estaban tratando de mofarse de él, menoscabando su seriedad o alterando la seria paz del juzgado, penalizaba a los autores de la broma: "Secretario, ¡póngamele veinte pesos de multa a Trespatines por hacerse el gracioso!"

Frecuentemente Cástor Vispo empleaba unos deliciosos y prolongados equívocos, tan bien concatenados que movían a risa. Salvando la distancia que me separan de aquel creador, puedo decir que eran algo así como:

JUEZ: Trespatines, usted se está adelantando a los acontecimientos. Usted quiere poner la carreta delante de los bueyes.
TRESPATINES: No, chico, yo no quiero poner la careta en ningún lado. Esta no es una careta; aunque tú no lo creas, esta es mi cara.
JUEZ: No señor, ¡yo no dije “careta”, yo dije “carreta”!
TRESPATINES: ¡Ah!, yo pensé que hablabas de esos antifaces que se ponen en los carnavales las mascoritas.
JUEZ: ¡Mascoritas no, Trespatines! “masca… masca!”.
TRESPATINES: ¿Y qué voy a mascar, compadre, si en este juzgado no le dan a uno ni tan siquiera un boniatillo?

Luego de oír las declaraciones de acusadores y testigos, y las razones del acusado, el Señor Juez decía al secretario: “Secretario, tome nota que voy a dictar sentencia…”.

Y luego recitaba la sentencia que se componía de dos cuartetas. Arquetipo de ellas fue la que se incluyó de forma hablada en un chachachá popularizado años después por la orquesta Aragón:

Este caso tan sonado
no requiere explicación
por lo que a mí me han contad
usted es peor que un ciclón.

Si fuera otra la razón
ya lo estaría encerrando
mas por bailar chachachá
¡Absuelto y siga bailando!

Lo más curioso de estos libretos, tal vez lo más importante, era la trama principal, que iba conduciendo al radioyente por trillos jocosos hacia su desenlace final. Como colofón venían los descargos de Trespatines a la acusación que se le hacía. Estos consistían en una tergiversación de la realidad, de forma absurda y a la vez risible, pero que engarzaba bien en la conducta de este “buscón” tratando de confundir y evadir la justicia.

Tanto es así que aún hoy día recordamos algunas situaciones que se radiaron. En uno de aquellos libretos se acusaba a Trespatines de haber sustraído unas cañas de azúcar de la guarapera de Rudesindo. Veamos el enjundioso diálogo:

TRESPATINES: Yo no me las robé, chico, él me las regaló.
RUDESINDO: ¿Cómo que se las regalé, hombre? No sea descarado, usted me las robó.
TRESPATINES; Ven acá, gallego: ¿en qué reparto radica tu guarapera?
RUDESINDO: En el Reparto Las Cañas.
TRESPATINES: ¿Y qué dice el anuncio que tú tienes en la fachada?
RUDESINDO: “GUARAPERA – REPARTO LAS CAÑAS”
TRESPATINES: Tú ves, él estaba repartiendo las cañas, yo cogí un puñado y se lo llevé a mamita de regalo.

Otro muy original fue aquel en que a Trespatines lo acusaron de estar atisbando a Nananina cuando ésta se estaba bañando.

TRESPATINES: Señor Juez, yo no fui con intenciones de mirarla, ella fue la que me dijo que la mirara.
NANANINA: ¡Mire que usted es descarado! Sí, Señor Juez, entró a mi casa y abrió la puerta del baño y me vio desnuda.
TRESPATINES: Yo toqué a la puerta de la calle, ella me reconoció y me dijo: “Pase, pase”. Cuando le pregunté ¿Cómo está, señora? ¿Qué fue lo que usted me dijo?
NANANINA: “Aquí, ya me puede ver”.
TRESPATINES: Tú ves, tú ves… me dijo así: “Aquí, ya me puede ver”, y yo enseguida abrí la puerta y la miré.
JUEZ (molesto): ¡Qué bonito! Imagínese que usted llega un día a mi casa y yo me estoy bañando y le digo de igual forma: “Aquí, ya me puede ver” y usted me abre la puerta del baño.
TRESPATINES (lo interrumpe): No, no, contigo yo no me confundo…

Esta serie de La Tremenda Corte fue retransmitida posteriormente en diferentes versiones en Cuba y allende los mares y en la actualidad tiene su continuación, ya con otros personajes y situaciones acordes con los tiempos, en el espacio televisivo ¿Jura decir la verdad? Ahora nuevos escritores y consagrados actores mantienen viva la llama del humor criollo. Pero como dijo alguien “nada es, todo deviene”, honor merece el precursor, el maestro Cástor Vispo, quien obtuvo éxitos en diversos géneros y medios gracias a su agudeza y arte de ingenio.

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Mis respetos, señor Trespatines

Tomado de: Suplemento Ellas - La Prensa Panamá (edición online)

15 de abril de 2011

Por: Roxana Muñoz

Juez y Trespatines

Me quito el sombrero y me pongo una chaqueta mal abotonada, en reverencia a José Candelario Trespatines, interpretado por Leopoldo Fernández en radio y televisión.

He sorprendido a compañeros en La Prensa doblándose de la risa cuando a las 8:00 de la noche Sertv transmite Trespatines. Genial.

El es un bribón imposible de no adorar. Cuando no estaba preso lo andaban buscando. Su segunda casa era La Tremenda Corte y allí iba derechito ¡a la reja!

Sus víctimas no eran nada brillantes. Le vendió a Nananina un canario que resultó ser un cangrejo pintao de amarillo, y a Angelita un loro que nunca habló porque era un murciélago.

Prometió a unos alumnos enseñarles un buen inglés y les mostraba en el aula un retrato de Winston Churchill, quien ¿sí o no? era un buen inglés.

Como defensa alegaba que todo se debía a una confusión. Cuando fue fotógrafo y en los retratos la gente salía sin cabeza, él se excusó diciendo que ellos le habían pedido que las fotos no salieran caras.

Con Rudesindo se comprometió a boxear e ir a medias en las ganancias del espectáculo. Pero solo peleó hasta el quinto asalto porque a medias significaba que él peleaba cinco asaltos y Rudensindo los otros cinco.

Cada vez que se despedía de una mujer guapa la abrazaba largamente repitiendo: “Para mí ha sido una gran satisfacción” y le deseaba próspero año nuevo aunque fuera el mes de abril. Si alguien trataba de engatusarlo gritaba: “Ta’loco, ¡qué te pasa chico!”.

Pero tenía muy mala suerte: Uno de los pocos días en que llegó a sus manos una fortuna lo fue a visitar Lola: los ladrones.

A su tío Sinecio lo mató un tren, lo que él llamaba una muerte natural. Según Trespatines, si te atropella un tren lo más natural es que te mueras. Siempre andaba de pelea con Cucusa, su eterna enamorada, y la única vez que dijo la verdad al Sr. Juez, este no le creyó.

A su mamita nunca la vimos, pero era igual de pícara. Se había quitado tantos años que ya era menor que el hijo.

El resto del elenco también brillaba. La coqueta Luz María Nananina (“Aquí como to los días”), constantemente acusaba a Trespatines de algo.

Rudesindo Caldeiro y Escobiña (¡Presente!), bobo como él solo, socio de Nananina y víctima reincidente de las estafas de Trespatines; y Patagonio Tucumán y Bandoneón que saludaba en la Corte diciendo: “A la voz de Aura: primera...” y soltaba un verso con un insulto velado contra el Sr. Juez.

El Juez, quien resolvía el tremendo caso (un bombericidio o un billetericidio), era un hombre instruido y decente, pero si se enojaba (¡Póngale!) multaba hasta a su secretario (¡Cién pesos, cien pesos!).

Vivía corrigiendo a Trespatines quien decía lilimento en vez de alimento y ojomeneado en vez de homenajeado. Pero Lo que más le enojaba a su señoría eran las andanzas de Trespatines con su hermano gemelo (sí, el del Juez).

Hoy para hacer reír se usa y abusa de la vulgaridad. Estos comediantes cubanos eran de lujo. Cosa más grande, chico.

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