La Tremenda Corte, un clásico cubano para Latinoamérica
En Nuevo Herald, Miami, Entretenimiento
22 de Marzo de 2013
Por: Manuel C. Díaz

Leopoldo Fernández, afiche promocional de sus presentaciones en el teatro Martí en Miami
“¡El tremendo juez, de La Tremenda Corte, va a resolver un tremendo caso...!” Así comenzaba, noche a noche, uno de los programas cómicos de la radio cubana de más éxito en la historia de la radiodifusión latinoamericana.
Sí, latinoamericana; y es que La Tremenda Corte llegó a escucharse también en varios países del continente.
El programa comenzó a transmitirse en 1942, primero a través de la RHC Cadena Azul y posteriormente a través de CMQ Radio, desde la que estuvo saliendo al aire hasta 1961, cuando fue cancelado por las autoridades revolucionarias.
Algunos de sus principales actores, como Leopoldo Fernández (José Candelario Trespatines), Aníbal de Mar (el Tremendo Juez), Mimí Cal (Luz María Nananina), Miguel Ángel Herrera (El Secretario) y Wilfredo Fernández (Perico Jovellanos y Campoflorido) debieron marchar al exilio; otros como Adolfo Otero (Rudesindo Caldeiro y Escobiña), Julito Díaz (en ocasiones reemplazaba al Secretario), y Edwin Fernández, que interpretaba a Simplicio Bobadilla y Comejaibas, murieron en Cuba; los dos primeros en 1958, y el tercero, en 1967. De aquel grupo de actores, el único que vive es Reynaldo Miravalles, quien en el papel de Leoncio Garrotín y Rompecocos, aparecía frecuentemente en el programa.
Setenta años después de haber salido al aire por primera vez, y gracias a que más de 300 episodios fueron sacados de Cuba, todavía La Tremenda Corte se escucha no sólo en la radio de Miami, sino también en la de países como México, Perú, Panamá, Costa Rica y República Dominicana. Y uno no puede dejar de preguntarse: ¿cuáles son las causas de un éxito tan perdurable?; ¿cómo es posible que un programa hecho en los albores de la radio y cuyos argumentos se basaban en la realidad cubana de aquella época, pueda gustarle a jóvenes latinoamericanos cuyos padres no habían nacido cuando éste se transmitía desde la isla en los años 1940 y 1950?
Las respuestas a esas preguntas habría que buscarlas, primero, en la calidad de los libretos. Y segundo, en el profesionalismo de sus actores. No hay más que escuchar los programas para comprobar que sus libretos estaban adelantados a su tiempo. En ellos están presentes todos los elementos de las más sofisticadas comedias modernas: personajes interesantes; diálogos cortos, incisivos e inteligentes; tramas simples pero con enredos; y finales con resolución de los conflictos. Su autor, Cástor Vispo, era un español nacido en La Coruña que a los 18 años llegó a Cuba para reunirse con sus familiares. Su primer trabajo fue en las oficinas de un almacén. Para cuando Vispo comenzó a escribir (un poco al estilo culto e irreverente de Jardiel Poncela) en el semanario La Semana (más tarde se incorporaría a la revista humorística Zig-Zag), ya se sentía identificado con la esencia de la cultura popular criolla. De ahí pasó a la radio, donde creó una serie humorística cuyo personaje principal era un detective gallego con el americanizado nombre de Rudy Rod. Algún tiempo después produjo un programa cómico llamado El Precinto Competidora, que terminaría por convertirse en La Tremenda Corte.
En cuanto a los actores habría que decir que todos, desde los principales, Fernández y De Mar, hasta sus contrapartes, Cal y Otero, procedían del teatro vernáculo (aquel del Negrito, el Gallego y la Mulata), en el que habían adquirido una gran experiencia. En el caso de Fernández la amplió haciendo temporadas en las provincias con su propia compañía teatral, la cual fundó en su ciudad natal de Jagüey Grande, en 1926. Y ya en La Habana, trabajando con otros artistas del género, como Candita Quintana, Federico Piñeiro, Alberto Garrido y Cal, quien fue su esposa durante 16 años. También trabajó en comedias en el Teatro Martí (en las que hacía uso de sus legendarias “morcillas”) y con la compañía de Revistas y Zarzuelas, de Robreño, en el Teatro Payret.
De Mar fue otro artista que trabajó en casi todos los teatros de la isla, hasta que pasó a la radio haciendo el papel (antes de que se incorporara a La Tremenda Corte) de Chan Li Po, personaje que lo catapultó a la fama nacional. Cal y Otero también provenían del teatro, ella con la compañía de Arquímedes Pous y la de Lecuona, con las que, además de actuar, también bailaba. Y él, con la compañía de Garrido y Piñeiro, presentándose en el Teatro Martí. También trabajó en las películas “Hitler soy yo” y “Siete muertes a plazo fijo”, ambas del realizador Manuel Alonso.
Como quiera que haya sido, lo cierto es que La Tremenda Corte fue, es y será un clásico de la radio cubana. Un genuino representante del verdadero humor cubano, ese que, sin necesidad de recurrir a la vulgaridad, podía ser criollo y popular a la vez. Sus personajes eran gente de pueblo; y sus ocurrentes historias, siempre llenas de enredos y malos entendidos, eran una imagen de la cotidianeidad ciudadana de aquellos años.
En cierta forma, La Tremenda Corte es una versión radial de la Cuba de ayer. El símil, no por manido, es menos válido. Escuchar sus episodios es como regresar a ella; aunque sólo sea por media hora. Es lo único que podemos hacer: refugiarnos en la nostalgia. Hasta el día en que el Tremendo Juez, de La Tremenda Corte, al fin, dicte sentencia.
La bola, los terminales y la charada
La bola, los terminales y la charada, Artículo modificado con base en el original
13 de Mayo de 2009
Por: Hanzo Martinez

La charada es un juego de azar representado por un asiático, en cuya cabeza trotaba un caballo, o sea el uno. La mariposa que se le metía por la oreja derecha era el dos, y la cachimba humeante en su mano izquierda, el 36 o número final.
¿Qué es la bola, los terminales y la charada?
He aquí lo que son todos esos términos y bromas relacionadas con números que muchas veces no son muy bien comprendidos.
En Cuba la “bolita” o la “bola” es más que un juego de azar, una cábala onírica y numérica. Ese juego no es más que una variante de lo que antaño se llamaba lotería nacional. También se le conoce como terminales o charada, con una que otra variación.
Básicamente son bolitas numeradas del 1 al 100, como las del Bingo, pero con la diferencia de que cada número tiene algo asociado, alguna cosa, persona o animal. A veces un mismo número tiene asociadas 2 o 3 cosas distintas. La cábala onírica consiste en que si alguien sueña con algo que aparece en los terminales, es una señal de que el número asociado con lo que se soñó saldrá premiado. Cuando se le pone dinero a algún número en especial, se dice que se hace una apuntación, y los que llevan el control sobre los números que salen, o las "tiradas", es el bolitero. A la persona que toma las apuestas, se le llama apuntador (ya que es el que apunta el número que se va a jugar).
Este juego de azar es prohibido, y por lo tanto, se juega de manera clandestina. También se acostumbra jugar a la lotería en base a lo que se soñó, usando los números de la bola.
Muchas de las bromas que se hacen en La Tremenda Corte se basan en los números y las asignaciones de estos en la bola.
Precisamente de los tantos episodios de La Tremenda Corte en donde se hace mención de este juego, destacan tres de ellos, en donde el caso juzgado en la corte gira alrededor de este juego. Esos episodios son estos:
En la charada, lo que se hace es recitar una adivinanza cuya respuesta es uno de los tantos animales, personajes o cosas asociadas a los números de la bola, y hay que apostar por el que cada uno cree que es la respuesta a la adivinanza. (en el episodio Charadicidio hay varios ejemplos claros de estas adivinanzas.)
En la Charada China, que es la original, solo existían 36 números, pero posteriormente se aumentaron hasta llegar a los 100.
Para el caso de la charada, la tirada se efectúa una o dos horas antes de la bolita, para dar chance a los jugadores a efectuar un “pase” a esta última. Entonces, si un jugador acierta el verso de la adivinanza, su premio o parte de éste, (previo acuerdo con el intermediario del banco de apuntación) queda automáticamente invertido en un número de la bolita. El pase es el modo de vinculación entre la charada y la bolita.
A continuación se listan los números de los terminales y las cosas (o sueños) asociadas a cada uno de ellos:
Asi, por ejemplo, cuando Trespatines le pregunta la edad a una de sus novias y ella le responde "PALOMA", Trespatines entiende que tiene 24 años, porque en la charada, el número 24 es PALOMA.
Otro ejemplo es cuando Nananina según órdenes de Trespatines le apunta 10 centavos al "muerto" con "pase" para el "cochino". Eso quiere decir que la persona que juega en caso de ganar la charada (con el "muerto"), su premio será jugado a la bolita usando el "pase", o sea, el "cochino".
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Pototo y Filomeno: Entren, que caben tres...
En medio del jolgorio armado en una fiesta de barrio, el coro repite con insistencia “Entren, que caben cien” y Héctor Lavoe responde: “cincuenta paraos, cincuenta de pie / Oye, que caben, que caben bien”. Se trata de Timbalero, éxito salsero de 1972. Treinta años antes, los músicos y humoristas cubanos Pototo y Filomeno grabaron con el grupo Melodías del 40 el tema Carta a Mamita.
Allí Pototo en su divertido y enredado lenguaje cuenta de la muerte de su tío Sinesio, quien era tan pobre que fue velado en una casa donde sólo cabía el difunto y tres personas más, por ello para ordenar la entrada y salida al velorio, Pototo desde la puerta cantaba: “entren, que caben tres” (de tres en fondo vayan pasando).
De esa forma Javier Ampuero Albarracín en un artículo publicado en la revista ElSur, en su edición #33 de diciembre del 2011, empieza describiendo lo trascendente de un evento como lo fue un velorio.
De seguido podemos escuchar la canción "Carta a Mamita", cuyo video fue extraido de la película "Olé... Cuba", poner especial atención a partir del minuto 1:15 :
En torno a Pototo y Filomeno, el escritor José Hugo Fernández, en un extenso artículo para la revista cubana Encuentro en su edición 45-46, el cual se titula "Por alante y por atrás", rescatamos el siguiente extracto:
Con el disco Yo pico un pan, al cual da título una pieza que es parodia y onomatopeya de esas controversias entre poetas guajiros, Pototo y Filomeno redondearon su popularidad ante el público cubano. Seleccionado como el mejor disco grabado en la Isla durante 1957, no fue la única incursión que hicieran como cantantes los cómicos Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar, apoyados por la orquesta Melodías del 40.
Sin embargo, encaja como un guante a la hora de ilustrar la importancia que entre nosotros ha tenido la música en tanto que vía idónea para la jarana, lo pícaro y la recreación de tipos, personajes, circunstancias. Que actores humoristas tan aplaudidos y admirados acudan al canto como recurso para reafirmar su valía, y aun más, que lo hagan en el apogeo de la fama, es un hecho que explica por sí solo la sustancial, definitiva comunión que existe entre el humor y los ritmos de Cuba.
